Método PENSAR: usar la IA para pensar mejor, no para que nos dé la razón
Uso Inteligencia Artificial todos los días.
Para trabajar, investigar, programar, preparar reuniones, analizar empresas, tomar decisiones, contrastar ideas y, últimamente, también para pensar.
Y precisamente esto último empieza a preocuparme más que todo lo demás.
Porque hay algo que la IA hace extraordinariamente bien: darte argumentos convincentes para casi cualquier cosa que ya pensabas antes de preguntarle.
Si partes de una idea y preguntas de determinada manera, es muy fácil terminar una conversación pensando:
«Ves, tenía razón.»
Pero quizá no has pensado mejor.
Quizá simplemente has construido una cámara de eco mucho más inteligente.
El documento que provocó todo esto
Hace poco llegó a mis manos un documento sobre cómo razonar desde primeros principios.
La idea de fondo era sencilla: cuando tenemos una creencia importante, no deberíamos utilizar la IA para que nos dé una conclusión.
Deberíamos utilizarla para intentar romper la nuestra.
Eso cambia completamente la relación con la máquina.
En lugar de preguntar:
«¿Tengo razón?»
la pregunta pasa a ser:
«¿Dónde puedo estar equivocado?»
El método proponía cosas que me parecen especialmente interesantes: escribir primero qué creemos, construir la mejor versión posible del argumento contrario, dividir nuestras ideas en supuestos, buscar pruebas a favor y en contra, mirar quién tiene intereses en cada posición y establecer qué hechos concretos nos harían cambiar de opinión.
Y hubo una idea que se me quedó especialmente grabada:
Si al terminar el análisis piensas exactamente lo mismo que al principio y nada de lo que has encontrado ha movido mínimamente tu confianza, quizá no estabas investigando. Estabas buscando confirmación.
Esto me llevó a pensar en cómo utilizo yo la IA.
Y en cómo quiero utilizarla a partir de ahora.
El problema no es tener una opinión
Todos tenemos opiniones previas.
Yo las tengo constantemente.
Cuando analizo una tecnología, una empresa, una inversión, una estrategia o simplemente intento entender hacia dónde va el mundo, parto inevitablemente de experiencias anteriores.
Eso no es necesariamente malo.
El problema aparece cuando confundimos experiencia con evidencia.
O cuando empezamos a seleccionar únicamente los datos que encajan con lo que ya pensábamos.
Y aquí la Inteligencia Artificial puede empeorar muchísimo el problema.
Porque una IA puede construir en segundos una argumentación extraordinariamente sofisticada alrededor de una premisa equivocada.
Cuanto mejor sea la IA, paradójicamente, más importante será nuestro criterio.
Por eso he decidido incorporar una metodología a mi forma de trabajar.
La he llamado, al menos de momento:
PENSAR
Sí, el nombre está buscado.
Es un acrónimo, pero también una declaración de intenciones.
Antes de decidir algo importante quiero obligarme a PENSAR.
Y cada letra representa una fase.
P — Plantear
¿Qué estamos intentando decidir realmente?
Parece trivial, pero muchas discusiones empiezan mal porque intentamos responder una pregunta que nunca hemos definido correctamente.
«¿Es buena la IA para mi empresa?»
Eso prácticamente no significa nada.
¿Qué queremos conseguir?
¿Reducir costes?
¿Aumentar productividad?
¿Mejorar la calidad?
¿Automatizar procesos?
¿Tomar mejores decisiones?
¿Crear algo que antes era imposible?
La calidad de una decisión empieza por la calidad de la pregunta.
Así que el primer paso es formular el problema de manera que pueda analizarse.
E — Explicitar
Después quiero escribir qué pienso antes de investigar.
Por ejemplo:
Creo que esta tecnología terminará sustituyendo gran parte de este proceso.
Pero quiero añadir algo que normalmente no hacemos:
Confianza: 7 sobre 10.
Esto crea una línea de salida.
Porque después podré preguntarme:
¿La investigación ha cambiado realmente lo que pensaba?
Quizá termine en 8.
Quizá en 4.
Quizá siga en 7.
Pero si nunca escribí el 7 inicial, mi cerebro hará algo que hace estupendamente: reconstruir el pasado para convencerme de que siempre pensé lo que pienso ahora.
N — Negar
Esta es probablemente mi parte favorita.
Antes de defender mi posición quiero intentar destruirla.
Si creo A, quiero construir la mejor versión posible de no-A.
Pero no una caricatura.
No quiero buscar un argumento contrario ridículo para poder desmontarlo fácilmente.
Quiero encontrar el argumento que utilizaría una persona inteligente, informada y honesta que estuviese en desacuerdo conmigo.
Y quiero llegar al punto en el que esa persona pudiera leerlo y decir:
«Sí. Ese es exactamente mi argumento.»
Solo entonces empieza realmente la discusión.
Creo que esta es además una de las mejores funciones que podemos darle a una IA.
No preguntarle:
«Dame argumentos para defender mi idea.»
Sino:
«Construye el mejor argumento posible para demostrarme que estoy equivocado.»
S — Separar
Una idea compleja casi nunca es una sola idea.
Está formada por:
hechos + supuestos + incentivos + restricciones + precedentes.
Hay que separarlos.
Imaginemos que alguien afirma:
«Dentro de cinco años la mayoría de las empresas utilizarán agentes autónomos de IA.»
Podemos empezar a desmontar la frase.
¿Qué significa «la mayoría»?
¿Qué consideramos un agente autónomo?
¿Qué capacidades técnicas necesita?
¿Qué coste tendrá?
¿Qué regulación puede limitarlo?
¿Qué incentivos económicos existen?
¿Qué tendría que ocurrir para que esa adopción no sucediera?
¿Tenemos precedentes tecnológicos comparables?
De repente ya no estamos discutiendo una frase.
Tenemos diez hipótesis que podemos comprobar.
Y eso cambia completamente la calidad de la conversación.
A — Actuar
Aquí introduzco algo que para mí es fundamental.
Tener una opinión y tomar una decisión son cosas diferentes.
Puedo pensar que algo tiene solamente un 20 % de probabilidades de ocurrir y, aun así, decidir actuar.
Porque una decisión depende también de:
probabilidad × impacto × coste × reversibilidad.
Supongamos que existe un 20 % de probabilidades de que ocurra un problema que puede costarme 200.000 euros.
Y prevenirlo cuesta 2.000.
No necesito estar convencido de que vaya a ocurrir para tomar una decisión.
También quiero preguntarme:
¿Es reversible?
Hay decisiones que podemos probar, medir y deshacer.
En esas decisiones probablemente pensamos demasiado.
Y existen otras en las que quemamos el puente detrás de nosotros.
Esas merecen mucho más análisis.
Y todavía hay una pregunta que me gusta más:
¿Podemos hacer un experimento barato antes de decidir?
En tecnología y empresa discutimos demasiadas veces sobre cosas que podríamos probar.
Cinco usuarios.
Dos semanas.
Una métrica.
Y datos reales.
La realidad suele ser bastante buena terminando discusiones.
R — Revisar
Esta última parte me parece imprescindible.
Toda decisión importante debería incluir una frase:
Cambiaré de opinión si ocurre X.
Y X debería ser observable.
Mejor todavía si tiene un número o una fecha.
Porque si no existe ninguna evidencia imaginable que pueda hacerme cambiar de opinión, entonces probablemente ya no tengo una hipótesis.
Tengo una creencia.
Por eso quiero terminar las decisiones importantes dejando escritas tres cosas:
qué tendría que suceder para cambiar de opinión, qué información sigo sin conocer y cuándo voy a revisar la decisión.
Una conclusión sin fecha de revisión corre el riesgo de convertirse poco a poco en una certeza.
Y después en identidad.
La IA no debería pensar por nosotros
Todo esto me lleva a una conclusión que cada vez considero más importante.
Creo que estamos utilizando la Inteligencia Artificial demasiado para obtener respuestas y todavía demasiado poco para mejorar nuestras preguntas.
Yo no quiero una IA que esté permanentemente de acuerdo conmigo.
Tampoco quiero una IA que lleve sistemáticamente la contraria.
Quiero algo bastante más útil: una IA capaz de detectar dónde estoy dando algo por supuesto sin darme cuenta.
Que me diga:
«Fer, toda tu conclusión depende de que esto sea cierto. Y todavía no sabemos si lo es.»
Eso tiene muchísimo más valor para mí que recibir otra respuesta perfectamente redactada.
PENSAR antes de ejecutar
No pretendo aplicar este proceso para decidir qué voy a comer mañana.
Sería absurdo.
Pero sí quiero incorporarlo cuando una decisión afecte significativamente a mi tiempo, mi dinero, mis empresas o mi estrategia.
Así que mi proceso será aproximadamente este:
Plantear → Explicitar → Negar → Separar → Actuar → Revisar.
PENSAR.
Y quiero que las herramientas de IA con las que trabajo conozcan esta metodología.
Cuando les pida ejecutar algo, que ejecuten.
Pero cuando detecten que estoy tomando una decisión importante, quiero que hagan algo diferente.
Quiero que primero intenten encontrar los agujeros.
Porque quizá una de las mejores formas de utilizar una Inteligencia Artificial no sea pedirle que piense por nosotros.
Quizá sea utilizarla para que nos obligue a pensar mejor.
